Inmerso en un pequeño lago de tareas digitales por realizar, me encuentro en ese momento del día, odioso para la mayoría, en que me asombra y me fulmina la sensación de que el tiempo avanza tan despacio que casi podría ser que estuviera parado.
Sin saber mucho que hacer al respecto, miro con cierta desesperación como los minutos apenas logran sucederse unos tras otros, como si dudaran de tener su momento de existencia. Es extraño como un simple minuto puede el milagro de cambiar mi humor a peor. Miro a todos lados, consulto el correo, leo las notícias, reviso un par de blogs de actualidad digital, voy a buscar agua, luego al servicio y a la vuela el maldito todavía sigue allí, quieto, desafiante hasta su último segundo de vida.

En ese momento la sensación de no acabar nunca se hace tangible, palpable e incluso dolorosamente real. Parece que voy a estar aquí "ad infinitum", sin nada con lo que sobrevivir. No veo el momento de volver a casa. No hay horizonte en mi desesperación momentánea.
¿Qué hace que el tiempo nos trate así? En nuestros momentos de gozo y regocijo el tiempo vuela, es una especie de versión rápida de Usain Bolt. Apenas tienes la sensación de haber empezado, que ya termina. Por contra, en momentos de aborrecimiento extremo el tiempo se alentiza exponencialmente tendiendo infinitesimalmente al avance zero. (Y si encima vigilas un reloj analógico de cocina, en cuanto creas que se ha parado, verás "casualmente" ese movimiento raro del segundero consistente en hacer un amago de ir para atrás. Jodío como lo odio).
¿No podría ser al revés? ¿Por qué esas sensaciones?
En el caso del aburrimiento, podría ser porque ansiamos terminar cuanto antes y eso nos tiene pendientes del reloj de un modo más frecuente de lo habitual, mientras que en caso de estar entretenidos con otras cosas, no nos percatamos del paso de los segundos, y por eso la sensación de que se acorta el tiempo. Aun así, servidor prefiere echarle la culpa a la velocidad del tiempo y su inconstante variabilidad.
En el caso del aburrimiento, podría ser porque ansiamos terminar cuanto antes y eso nos tiene pendientes del reloj de un modo más frecuente de lo habitual, mientras que en caso de estar entretenidos con otras cosas, no nos percatamos del paso de los segundos, y por eso la sensación de que se acorta el tiempo. Aun así, servidor prefiere echarle la culpa a la velocidad del tiempo y su inconstante variabilidad.
P.S.:Seguro que después de escribir esto me llevo otro chasco.