lunes, 10 de septiembre de 2012

Domingueando que no es poco

Reproducir y leer.

   

Después de un Sábado de altos vuelos, el Domingo amaneció sin que me diera cuenta. Mis planes para ese día se habían aplazado y no tenía nada que hacer, así que me desperté pasado el mediodía con mucha calma. Toqué un poco el piano, pero sin ninguna pasión, sólo por darle los buenos días pero poco más. Decidí no desayunar porque en poco rato ya sería hora de comer (eso en España, en el resto de Europa hacía más de una hora que se estaba digiriendo el almuerzo).  Llamé a una amiga y nos contamos cuatro superficialidades que me importaron más bien poco y, para cuando colgamos, me quedé con ganas de haber hablado con ella pero de cosas importantes de verdad. Comí una ensalada sin mucha gracia y me tomé un yogur sin azúcar ni nada. Por algún motivo que nadie comprende, me gusta el yogur natural, fresco y ácido como es. 

La tarde fue más aburrida si cabe, miré una película en el ordenador, busqué un par de cosas en Internet acerca de creación procedural de edificios en 3D, y no encontré nada que me gustara. No quería salir, no quería estar en casa, no había con quien quedar, y todo parecía inútil, improductivo e inapetecible. A eso de las ocho y media ya estaba harto del día, asqueado de la vida, desganado de todo. Vi a Linira conectada des de Canadá donde había logrado un puesto de trabajo y se había ido dejándonos a todos aquí, abandonados a nuestra suerte. Le comenté mi estado de humor y sin pensarlo dos veces me mandó la ubicación de un sitio al móvil. Me dio la opción de ir a ese sitio desconocido. Empezaba a ser tarde y no me apetecía nada, pero algo en mis adentros me dijo que probara, porque esa moza nunca hacía las cosas sin un motivo de peso. Así que le dije "me voy" y cerré el portátil y me largué en busca de ese lugar. 

El sitio en cuestión se encontraba en el centro de la ciudad, y como no me apetecía perder mucho tiempo, cogí el metro para llegar un poco antes. Al ser las últimas horas de un Domingo de verano, los metros que iban hacia el centro no llevaban mucha gente, pero los que volvían del centro estaban bastante llenos de gente que volvía a sus casas. "Para cuando llegue no van a quedar ni las calles" pensé. Salí del metro y me aventuré en una calle sin estar seguro de si llegaría pero tampoco me importó demasiado. Aún había algo de ambiente en las calles y la temperatura era bastante agradable por lo que me sentí bastante cómodo. Durante el trayecto llevaba puestos los auriculares con Skyline de Tiersen, música que le dio a toda la experiencia un sonido muy especial.

Al parecer me orienté bastante bien porque sin apenas equivocarme llegué casi sin darme cuenta al sitio en cuestión : 

Plaça del Pi - Barcelona

 Linira llevaba razón, si en medio de una ciudad había un pino que se había ganado a pulso el nombre de la plaza donde estaba, aún estando enfrente de una catedral imponente, yo no podía ser menos. Nadie se fijaba en dicho árbol. La gente estaba en las terrazas, con lo suyo, o haciendo fotos a la catedral, o simplemente pasando de largo. No era motivo de idolatría, no estaba de exposición. Los del bar usaban su tronco para pasar el cableado electrico de la terraza. Era un árbol servicial. Un pino que alguien en su día puso allí, fuera de su hábitat natural, y este sobrevivió y logró hacer un poco mejor las vidas de quienes viven o pasan por allí, ofreciendoles sombra y algo de verde para contrastar. Algunos pocos se dieron cuenta y lo apreciaron como yo lo aprecié en aquel momento. Simplemente yo quería ser ese pino. 

Cuando me quise dar cuenta, estaba de pie en medio de la plaza, mirando un árbol, con una estúpida pero justificadísima sonrisa en la cara, y una sensación de paz indescriptible.  Le mandé un mensaje a Linira agradeciéndole de todo corazón que me hubiera salvado la tarde y el día de perros que llevaba, con tan poco esfuerzo y tanta eficacia. Creo que me conoce mejor que yo mismo. 

Finalmente volví a casa con una cara totalmente distinta con la que salí y después de cenar me puse a preparar la que, seguro, sería una semana muy interesante en todos los aspectos.

2 comentarios:

podi -. dijo...

Lo más importante no es, para mí, haber ido a "ese pino" que da nombre a la plaza sino haberlo hecho porque alguien en Canadá te lo sugirió.

Es importante tener a alguien "al otro lado", ni que sea en Canadá, lo suficientemente importante como para darte un impulso en un momento dado.

podi-.
www.podi-podi.blogspot.com

Linira dijo...

simplement, ser-hi. Aquesta és la misió :)